¿Alguna vez se hará realidad lo que soñé en la infancia?.
Ya nada recuerdo del ayer, y lo que veo en el futuro no es más que un espejo del pasado.
Así vivimos sin saber existir, proyectando nuestro ser en un mundo de objetos visibles por fuera e invisibles por dentro.
La existencia se me presenta como un misterio ante mis ojos; que guardan fantasmas y monstruos de otras épocas.
Si existo no debo saberlo.
Por eso duermo demasiado, los sueños son mis amigos.
¿Acaso existirá una verdad que nos dé la paz que nos falta en el alma?
Tengo ansias de despertar al mundo, y así con ellos revelar la sensibilidad superior de mi ser oculto detrás de la sombra del lenguaje.
Y es que hay una felicidad inconsciente que nos aborda y una figura de esperanza que se forma en el juego infinito de los niños.
Extender su alegría es dotarnos de verdadera vida.
Siento mi pasado como si hubiera atravesado un enorme desierto, como haber mirado con tristeza a la alegría, y como haber sentido alegría de ser triste.
Pero ahora he crecido y mi destino no me sorprende.
Tengo que morir sin haber realizado nunca mi ser en su totalidad, sin saber cual era mi función vital, mi propósito y mi camino en esta constelación en la que nací.
Sin haber llevado mi cuerpo al extremo del éxtasis, sin haber probado la manzana de Adán, sin haber saciado mi deseo trascendental de amar y ser amado.
Por eso ahora es un placer abandonarme, dejar el dolor y la alegría atrás, y entregarme por completo ante el misterio tormentoso que es la muerte.
Sólo que la muerte soy yo.
Me entrego hacia mí mismo.
Y ante la imagen imaginaria que he hecho de mí mismo me detengo, me observo y me adulo, me hablo y me silencio.
Todo me pesa en el interior, acaricio las palabras con tal de curarme y me atormenta lo inexacto que soy para definir mi consciencia.
Por eso las palabras nacen muertas de mi boca, y cuando intento darles forma se desvanecen en mi memoria.
Comprender algo es insultar a la vida, reducirla a un mero mito filosofico.
A la vida hay que sentirla con las emociones y los sentimientos, quien quiere comprenderla desde
la razón está haciendo del cielo un abismo.
¿Y acaso al irme la muerte curará mi soledad, o una soledad mayor me espera, disfrazada de una ilusión infantil donde la soledad nunca se siente sola?
Sólo me pregunto como hacen las almas vivas para comprenderse y ampararse entre ellas, en medio de la oscuridad, en medio de la soledad, en medio del amor y el caos.
Ese es el misterio más grande que rodea al ser: Por qué es lo que es.
La naturaleza es un gran milagro absurdo dotado de libertad, en el que todos los animales existentes se ven reflejados y representados.
Así como los hombres buscan el equilibrio de su ser, la naturaleza es la totalidad del ser en equilibrio.
Pero ahora lo sé, el mundo no es más que mi lenguaje interno que proyecta sus sombras y luces sobre un lienzo vacío.
Una especie de redención opresiva.
Si existe el cielo no creo que sea para mí, el olvido es el consuelo ideal para un cuerpo que sólo quiere dormir eternamente.