Los que viven felices su presente:
emergen como un lucero entre centellas de paz,
con música emanada de arpas y de liras
en la gloria que antes solo conocieron de oídas,
acariciando versos celestiales.
Suyo es ahora elevar la plegaria
con el desafío de no confundirse
en imágenes de sombras del pasado,
superando al ser de viejas raíces.
Bienaventurados los elegidos,
los vencidos por sí mismos, los heroicos;
los que, bendecidos, le dieron forma
a la otra vida, la que habita sin apego.