Dayanara Montalván

El gallo de oro.

El gallo de mi vecina acaba 

de poner un huevo de oro,

poco a poco comenzaron a 

tener fortuna y la gente se acercó 

a ella, la avaricia apenas aparecía.

 

Todos los días el gallo daba

muchos huevos de oro, pero la

dueña dejó de darle de comer,

porque para ella ese gallo solo

era su fábrica de dinero.

 

Se quedó sin fuerzas y sus

plumas caían sin colores, 

solo el cielo sabrá qué sufrimiento 

tuvo que pasar el gallo, qué 

mujer tan cruel se volvió su dueña.

 

Ella lo dejó en el pantano,

sin piedad, sin mirar atrás, 

quedo solo y sin vida, solo

por no ser útil según ella,

¿Ese era su fin? Creo que sí.