Tentada por sus fragrancias
y sus seductores colores radiantes,
la mariposa se posó sobre el tallo
de su flor favorita, permitiendo
el visitante, sin resistencia,
saborear el néctar recóndito,
un tierno robo de dulzura,
que no solamente satisfizo su sed,
sino, en su inconsciencia, embelleció
el jardín lleno de futuras flores.
*
Como la mariposa, yo también me sentí tentado,
por tu cautivador aroma y
tus labios predicando promesas,
una fusión fatal para el corazón de un joven,
pero nuestras sonrisas vacilantes y miradas furtivas
me persuadieron de rozar suavemente
tus labios con los míos,
un tierno robo de dulzura.
Mi indiscreción fue recompensada por tu caricia
y los vínculos entrañables por toda una vida.
David Arthur ©®
El cuadro de propio pincel