BARRIO DE LA ESTACIÓN
Era un lujo disfrutar por entonces de aquel barrio
en plena estación de la primavera,
o puede que hubiera ya entrado el verano
un poco, con sus oleadas de fuertes aromas,
con la caricia violenta
del sol en la cara, con las matas gigantes
que desbordaban los muros
de los patios vecinos, con la presencia constante
del inicio del verano, con la hierba y el matorral
que se organizaban en pisos a partir del fondo
de un profundo brusco. El tren hacía oír su lamento
en horario establecido, y la música salía a borbotones
de un edificio, de una estancia en concreto,
y se expandía imperiosa y ufana, exuberante,
metafísica incluso, una vez y otra,
y otra, como si se adueñara
sin competencia del espacio.
Gaspar Jover Polo