Te busco entre los surcos de la espera,
allí donde el orgullo se hace nada.
Vengo con una pequeña luz
y el pecho abierto frente a tu mirada.
Príncipe de mi jardín,
mi cielo dorado,
si la espina de mi rosa
sin querer te ha herido,
déjame cerrar tu herida
con mis manos,
y besarte el silencio
de lo que has sufrido.
Perdón por la sombra,
por mi paso errante,
por no comprender
tu lenguaje de flores.
Te amo…
todavía te amo…
como vuelve el agua
después de la noche.
Te amo…
todavía te amo…
y no quiero
que lo nuestro se rompa.
Quisiera volver
como vuelve el rocío,
a despertar despacio
tus antiguos colores.
No hay rincón en mí
que no diga tu nombre,
ni raíz en mi cuerpo
que no te recuerde.
Perdona esta tristeza,
esta forma torpe de volver.
Todo lo que callé
todavía vive en mi piel.
Te amo…
todavía te amo…
aunque el orgullo
nos dejara solos.
Te amo…
todavía te amo…
y aún guardo tu luz
dentro de mis manos.
Príncipe de mi jardín…
perdón…