Que alboroten el aire las comadres,
sus lenguas de huracán y campanario;
inventando catedrales y altares
donde apenas hay verso literario.
Nos miran con sus ojos clandestinos,
como si hubiese un pacto tras la bruma;
y sólo compartimos los caminos
donde la poesía se perfuma.
Qué importa su teatro de ventanas,
su ciencia de inventar lo que no existe;
gentes que se alimentan de campanas
porque el vacío les quedó muy triste.
Ríe conmigo: el mundo siempre miente;
somos poesía, no más que gente.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026