Agustina Ailin Mardones.

Melancólica serial.

Tengo sueños grandes y proyectos con los que estoy realmente comprometida, pero también tengo noches donde me siento como un edificio vacío con las luces prendidas. Supongo que me volví buena sobreviviendo, pero que nadie me enseñó a sentirme verdaderamente viva. Que eso es algo que sucede únicamente cuando hago una locura y nadie me mira.

De todas formas, ya sé que la única locura que existe es la realidad.

Y es que hay algo profundamente triste en volverse exactamente la que soñabas ser y aun así acostarte con un vacío en el pecho. El problema de las mujeres sensibles es que incluso cuando ganan, sienten una nostalgia que crece hasta tocar el techo.

(Y digo mujeres para no sentirme tan sola en este hueco estrecho.)

Supongo que mi tragedia favorita siempre fue esta, la de tener una vida interesante y un corazón incurablemente melancólico, porque estoy segura de que algunas almas nacen con el invierno adentro, incrustado, inamovible y crónico.

Eso explicaría el porqué todo en mi vida parece avanzar pero aún así hay una parte mía sentada en silencio, esperando algo que nunca llega.

Tal vez soñando con ser vieja.

Tal vez sonriendo detrás de su propia reja.

O esperando simplemente

que exista un Dios que la proteja.