Hay ausencias que tienen pies de plomo,
un olvido de barro y madrugadas,
que entierran la semilla en los océanos
donde los peces pierden sus miradas.
¡Ay, ausencias de luna encarcelada!
Mariposa de cal, de miedo, fría,
que prisionera de la flor amarga,
muerde la miel de tu melancolía.
Mariposa alada, la ausencia te ronda,
cruza los muros con grito de acero,
dibujando la fe con su mano rota
sobre el papel herido del lucero.
Viene un mañana de verdes cristales,
mundo que asoma por la mampostería,
donde la ausencia, por los ventanales,
pone balcones de roja alegría.