Ya se tiñe de rosa el lienzo abierto,
dejando atrás el frío que asolaba,
y el alerta plumoso en su alborada
rompe el silencio con canto despierto.
Va la joya alada al boscaje incierto
donde el cantor azul su voz alzaba,
mientras el soplo helado que viajaba
vuela agitando el campo descubierto.
Comienza el rey de bronce su jornada,
trazando el rumbo fijo hacia el poniente
para encender la cúpula dorada.
Y gira el mundo en un cíclico lazo,
donde todo regresa, exactamente,
para encontrar el mismo eterno trazo