La amaba con locura y con deseo,
soñaba de sus manos la caricia;
lo mismo que un poeta, yo quería
hacer de su mirada mi universo.
Las mieles de sus labios fue mi anhelo,
el eco de su voz mi tierna lira;
y fue de mi existencia su sonrisa
un mágico y romántico lucero.
Nacieron de su imagen los poemas
que fueron por mi pluma dibujados;
y fue de mis delirios, azucena
nacida en los suspiros de mi canto;
que ahora lleva versos de tristeza
que porta del dolor lo más amargo.
Autor: Aníbal Rodríguez