Estoy viajando con mi mente.
Me asomo a las ventanas de mis ojos
como quien mira un mundo
que se deshace entre la niebla.
Veo los colores de la vida
y los colores de la muerte.
Y no hay diferencia en su fulgor:
arden igual sobre la piel del tiempo.
Hay un azul que sabe a despedida,
un rojo antiguo latiendo en las heridas,
un blanco silencioso
donde descansan los nombres que perdimos.
Se van los colores como pájaros,
cruzan el cielo del pensamiento
como almas pequeñas
que no conocen jaulas ni fronteras.
Y yo sigo aquí,
viajero de mí mismo,
recogiendo astillas de luz
en los rincones oscuros de la memoria.
Porque vivir quizá sea esto:
abrir los ojos al abismo
y descubrir, temblando,
que también la muerte tiene alas.
Antonio Portillo Spinola ©️