D. Méndez

La almohada

Abrazo mucho la almohada

pensando que eres tú.

 

La abrazo tanto

que ya tiene tu forma,

como si mi soledad

hubiera aprendido tu silueta de memoria.

 

La abrazo recordando

todos esos momentos

en los que aún estabas,

antes de convertirte

en otro hueco de la cama.

 

La abrazo demasiado fuerte,

buscando un calor

que ya no me pertenece,

fingiendo por unos minutos

que todavía respiras aquí.