HOMBRE ABAJO
Lo recibí en el jardín de la residencia,
y también recuerdo que los días pasaban deprisa
y eso que no hacíamos nada, tomar el sol,
contemplar los arbustos, los árboles,
y, todavía más alto, los cielos, que unas mañanas
lucían hermosos con su magnífica luz ascendente
y otras, tristes, otoñales, con amenaza de lluvia incluida.
Pasaba el tiempo veloz
pero también con pulcritud y precisión
y yo lo recibí en el jardín de la residencia.
Venía a sacarme y a llevarme de vuelta
a la civilización para rendirme un homenaje,
pero yo le dije que llegaban tarde,
que ya no estaba dispuesto a cambiar
otra vez de perspectiva, que ya no me apetecía.
Pero entonces él,
un hombre alto y con riguroso traje y corbata
y delegado,
de una importante institución académica
me suplicó, se vino abajo, se puso casi de rodillas,
y creo que tuve que detenerlo a medio camino
del suelo, lo sujeté por un brazo
y jalé de él, y creo que llegué a sentir
vergüenza ajena de un hombre tan alto
y tan bien parecido. Pero, al final, no le sirvió
una actitud tan servil de nada.
Gaspar Jover Polo