gaspar jover polo

HOMBRE ABAJO

HOMBRE ABAJO

 

Lo recibí en el jardín de la residencia,

y también recuerdo que los días pasaban deprisa

y eso que no hacíamos nada, tomar el sol,

contemplar los arbustos, los árboles,

y, todavía más alto, los cielos, que unas mañanas

lucían hermosos con su magnífica luz ascendente

y otras, tristes, otoñales, con amenaza de lluvia incluida.

Pasaba el tiempo veloz

pero también con pulcritud y precisión

y yo lo recibí en el jardín de la residencia.

Venía a sacarme y a llevarme de vuelta

a la civilización para rendirme un homenaje,

pero yo le dije que llegaban tarde,

que ya no estaba dispuesto a cambiar

otra vez de perspectiva, que ya no me apetecía.

Pero entonces él,

un hombre alto y con riguroso traje y corbata

y delegado,

de una importante institución académica

me suplicó, se vino abajo, se puso casi de rodillas,

y creo que tuve que detenerlo a medio camino

del suelo, lo sujeté por un brazo

y jalé de él, y creo que llegué a sentir

vergüenza ajena de un hombre tan alto

y tan bien parecido. Pero, al final, no le sirvió

una actitud tan servil de nada.

 

Gaspar Jover Polo