Tu nombre, apenas dicho,
queda en mis labios.
No avanza.
La pausa sigue abierta,
tu aliento entra en el mío
como si ya hubiera ocurrido antes.
No es un roce,
es la demora exacta
antes de lo irreversible.
Caer hacia ti
no es detenerme.
Es, por fin,
seguir amándote.
El tiempo vacila,
y en esa grieta
ya estamos cayendo.
Caemos
no por impulso,
sino por haber llegado demasiado lejos
sin tocarnos.
Perderse
es otra forma
de encontrarte.
Caer hacia ti
no es detenerme.
Es, por fin,
seguir amándote.
L.T.