Te contemplo todavía… desde la lejanía de mi resignación,
con la frustración de ya no coincidir contigo,
con la ansiedad que te hereda la impotencia…
convertida en desolación.
Veo pasar los días…
en su carruaje de melancolía,
al parecer con desidia,
sin arrepentimiento ni atrición.
Desde mi mundo de ficción…
te observo recorrer los apartados de mi tristeza…
y puede notar la indolencia de tu actitud,
como si no hubieses sido parte de esta historia
como si esta novela no te perteneciera,
porque te escudas en la amnesia…
para desconocer nuestro romance…
que terminó en dolor.
El destino hace su trabajo…
y desestima cualquier rectificación,
pues solo cumple su travesía…
aplicando el abandono y la apatía,
cubriendo con el negro manto de la indolencia,
y sentenciando con la fría regla de la soledad.
Tengo sueños extraños…
que no han perdido la esperanza…
y se empeñan en la porfía de verte retornar,
pero solo son sueños inermes…
que se resisten a aceptar la verdad…
y confían que llegue ese día…
donde se rompa el maleficio de tu adiós.
Estoy consciente de esta utopía…
de esta vana fantasía que pronto desaparecerá,
veo tan lejano tu regreso…
porque solo un milagro podría cambiar la realidad.
Te contemplo todavía… desde la lejanía de mi resignación
y es el único consuelo que tengo…
hasta que llegue la hora del final.