Ferran Sorel

Náufrago y latidos

Soy un náufrago impenitente,
destino sin luces rojas,
puertos de espalda al viento.

Solo el mundo me contiene,
y la voz que me embriaga
es la brisa ponzoñosa que me enerva.

Son las mareas que se agitan
y vienen del norte, socarronas.
Y una puerta que se abre sin presagio alguno:
un pan recién horneado (delirio de gaviota)
que se deshace entre las nubes
y la saliva de este cielo sin sabor en la boca.

Mar adentro ya no hay tiempo
—Absoluta vaguedad—
No existen culpables
y en un vaivén de murmullos
Las olas van llorando sus cenizas.

Ya no hay el fértil verde de la palabra,
Solo hay vestigios de la añoranza.
Todo lo que hay es un azul pálido
y un sueño blanco oscuro
que se mece en el vértigo de mi sordera.

Ya el mundo no tiene puertos,
y los faros, ya sin luciérnagas,
apagaron la mirada incipiente de un vigía moribundo.

Todo lo que hay es lo que ves:
un infinito de incertidumbre,
un desierto de deshechos
que ahoga al yo de mi ser,
y que aún inhalo de él
El escaso olor del mañana.

 

Ferrán Sorel- Copyright.

05-18-26