Los rayos de sol chocan con los espejos.
Al frente se divisa la fauna y flora nacional.
La madre espera con el desayuno en la mesa.
Mientras el chico en el baño, se pone guapo y galán.
El único ruido que suena en la mañana son las guadañas podando.
Los pájaros picoteando los frutos de exportación.
Se despiden, con un beso y un \"nos vemos luego\".
Pero la pulga soachuna, rompió su palabra, nunca más volvió.
Camino al colegio, se encuentra con unos seres verdes.
Esos que inspiran pero que también arrastran desgracias.
Vayan a donde vayan siempre van con la dotación necesaria.
Y esta vez no perdonaron, tenían que alivianar sus mochilas.
Confundido porque lo saludaron formal, como vendedor del centro.
Lo buscan, pero no por cordialidad, sino porque les hace falta uno.
Se acercan con el falso mensaje de que lo acompañarán hasta la escuela.
Comentándole que hay mucho peligro cerca, pero no se imaginaba que era tan cerca.
La mochila ya estaba mojada por el sudor de la espalda.
Caminaban horas y horas, pero el niño no le importaba.
Estaba al lado de los héroes de la patria y admiraba sus jornadas.
Porque todos los días desde el pupitre soñaba con ser uno de ellos.
\"Accidentalmente\" uno de los héroes lo empujó hacia un pantano.
Su uniforme blanquito y perfumado con suavitel y agua estaba estropeado.
Así que le ofrecieron ponerse uno de sus uniformes.
El niño de la fecilidad no lo podía creer, y aceptó sin reclamo alguno.
Luego de ponerse el disfraz, sentía las botas al revés.
Siguieron caminando hasta llegar a tierra nadie.
Nadie sabe, nadie escucha, nadie ve, nada pasó.
Las balas pusieron punto final a sus sueños y el inicio de un adiós sin retorno.