Diego Pantoja

CANTO A MI TIERRA MORENA

Yo vengo de una tierra donde el río

habla despacio al corazón del hombre,

donde la tarde se desata en lirios

y el barro humilde tiene aroma y nombre.

 

Tierra de sombra tibia y de luceros,

de antiguas casas bajo el aguacero,

de madres que desgranan la nostalgia

como quien canta para no morirse.

 

¡Oh tierra mía!

Tu voz me sigue igual que un tambor viejo

golpeando entre la sangre y la memoria.

Aunque la vida me destierre lejos,

siempre regreso a tu pequeña gloria:

al patio azul, al árbol silencioso,

al perro flaco durmiendo en la arena,

al humo que se eleva en las cocinas

como una oración pobre pero buena.

 

Y tú, río grande,

que arrastras lunas rotas y hojas secas,

llévate el miedo de los hombres tristes

y deja sólo música en las piedras.

 

Porque esta tierra no conoce el odio

aunque la hiera el tiempo con sus uñas;

ella florece igual entre la pena,

igual que florecieron las espumas

cuando los negros viejos, fatigados,

cantaban a la noche en las canoas

mientras el cielo derramaba estrellas

sobre las aguas hondas de la sombra.

 

He visto al niño perseguir luciérnagas

como quien busca el alma del verano;

he visto al campesino arar la aurora

con la paciencia azul de sus dos manos;

y he visto a las muchachas en la fiesta

mover la risa igual que las palmeras,

mientras un acordeón abría caminos

por el oscuro pecho de la selva.

 

¡Bendita seas, tierra de mi canto!

Tierra de pan sencillo y de guitarras,

de lluvia golpeando los tejados

como si Dios tocara una maraca.

 

Si alguna vez mi voz se vuelve polvo

y el viento borra mi apellido errante,

quiero dormir debajo de tus ceibas

oyendo al río conversar distante.

Que me cubran de música y de barro,

de café recién hecho en la mañana,

de aquel olor profundo de la lluvia

cuando despierta el corazón del agua.

 

Porque nací de ti.

De tu tristeza antigua y tus milagros.

De tu manera humilde de ser bella

sin pedirle permiso al calendario.

 

Y aunque el mundo me ofrezca otras banderas,

otras ciudades llenas de espejismos,

yo seguiré volviendo a tus caminos

como vuelve la tarde a los caminos.