Apunta la aurora
y alegres gorjeos
anuncian el día
quebrando el silencio;
al del ruiseñor
replícale el eco
de múltiples coros.
Un magno concierto
bajo la batuta
del regio lucero
que notas de vida
imparte a destellos,
en un auditorio
que sin fin y etéreo
de bóveda añil
lo llamamos cielo.
Serpentea el río
cual ofidio inmenso;
dejando a su paso
vivífico riego
resuelto en colores.
La flor del cerezo
de nívea blancura;
presagia de nuevo
por montes y valles
el fin del invierno.
¡La tierra revive!
pues llega el portento
de la primavera.