Quimeras que ruedan como piedras
caen en las alforjas de los soñadores,
bajo el impulso de una idea alcahueta
que nace enferma desde la bruma.
El pantano invita a sus dominios,
donde hundirse se vuelve una pesadilla
que solo extiende el sufrimiento;
espejismo denso que deforma la cordura.
Ánimas revolotean en la mente,
fuerzas que alientan o que arrastran
allí donde ya no hay camino que salvar.
¿Será que son seres de fantasía
aquellos que se nutren al desconectarse?
Su imaginación los guía por sendas de ensueño.
Habitar el delirio es haber perdido
el camino de regreso al hogar templado.
Mejor persistir en la vigilia y no perderse.