Contenga en la orfandad de un pueblo su sonrisa;
conténgala sin allanamientos fríos, sin pulcros suaves
ni cuerpos inflados en cucarachas y escombros.
Trágala de entre tus garras vacías de la caricia de una madre,
trágala hasta que no sepa amarga.
Confundida con la alegría está esa sonrisa,
máscara de todos los días.