Carlos Baldelomar

+ DIEZ MINUTOS MÁS +

Nunca había peleado tanto con el tiempo.
Al fin nos dio una casualidad
y nos hizo coincidir en el mismo sitio.
Y aquella ruta que tanto esperé,
vino puntual a dejarme
a unas cuadras de tu puerto.
No fue fácil acercarme
cargando todavía temores,
pero fue bueno descubrir
que vos también me esperabas.

Te di tres besos
en las mejillas,
uno cada vez más intenso
que el anterior.
Pero tuve miedo de perder la cordura,
porque quise muchísimo gastarme los labios
hasta perderlos en tu rostro.
Y entre las preocupaciones que llevaba
y todos mis pendientes,
eran tus manos las que guardaban mis soluciones.


Hablamos sentados sobre la acera
y esa calle desolada sin prisa,
ignorando que el tiempo
jamás se detiene.
Yo te miraba
como lo único
que habitaba mi mundo.
y mis oídos,
presos de tu voz,
habían encontrado su final perfecto.

Maldita sea mi suerte.

Uno hubiera querido
diez minutos más,
y diez más todavía,
como uno estira
aquello que tanto ama.
Pero puntual, como siempre,
el tiempo no tuvo piedad de mí
ni de ese paraíso improvisado.
Porque  los lunes,
a las cinco de la mañana,
este aparato sin corazón
anunciaba:
que algo inevitablemente
tenía que romperse.