Envejece viendo al otro
para ver si tiene errores
desglosando pormenores
como si fuera un gran docto.
Envejece y es el colmo
que haya tantos detractores
que, sudando sus sudores,
son peores que vosotros.
¿No le queda bien el sayo?
Por favor, no se lo ponga.
Nada gana quien imponga
con sus tristes garabatos,
ni tampoco que suponga
si no sabe cómo y cuándo.