Lourdes Aguilar

FÁBULA

Un mago sabio inventó un mundo 

Hecho de polvo de estrellas  

Lleno de belleza y encanto 

Y unido a ese otros tantos 

Conectados por invisibles portales 

Todos los cuales conducían 

En espiral a su trono de luz deslumbrante 

Con exquisito detalle creó formas 

Sonidos, texturas, densidad y colores 

Infinitos como su prodigiosa y pródiga mente 

 

Y una vez consumado el proyecto 

Éste mago insufló en su obra maestra 

(Un ser de majestuosa apariencia) 

Con su aliento su mismo amor y sapiencia 

Pero resultó que éste ser bendecido  

Soberbio por cuanta abundancia tenía 

Ingrato comenzó a competir entre sí 

Arrebatando lo que a otros correspondía 

Y en aras de su comodidad destruyendo 

Cuanto tocaban sus manos violentas 

Inventó etiquetas e irreconciliables rencillas 

Despojó a los más débiles de la dignidad intrínseca 

Que por ser sus semejantes les pertenecía 

Y ansiando poseer para si mismo la gloria 

No le importaron las consecuencias futuras 

De acabar con lo que un día le fue confiado 

 

El mago decidió inventar espejuelos 

A través de los cuales pudieran sus criaturas 

Observar a detalle cuanto proveyó para ellos 

Y recapacitaran así sus vasallos 

Acerca de la armonía perdida 

Para que pudieran situarse humildes 

En el lugar que les correspondía en su mundo 

Para que pudieran sentir en sus almas 

El intenso dolor de quien los amaba cual padre 

Al verlos denigrarse en vez de trascender 

Pero sólo había un detalle 

Al inventar los espejuelos 

Con ellos entregaría su vista  

Sumergiéndose en las sombras por siempre 

 

Y pensó que tal sacrificio podría 

Despertar en ellos una conciencia 

Una chispa al menos de todo 

El amor que él por su obra sentía 

 

Y es que tanto amaba tal obra 

Y más aún a su criatura perfecta 

Que mucho le dolía su amnesia 

El deterioro que su codicia había causado 

 

Entonces su fiel heredero ofreció  

En caso de que los seres no razonaran 

Entregar su inmortalidad en lugar del mago su vista 

Y así bajó el heredero a ese mundo 

Regalando a quien quisiera espejuelos 

Algunos al ponérselos de rodillas cayeron 

Exclamando: “¿Cómo pudimos ser necios?” 

Otros en silencio lloraban pensando: “¡Me carcome el pecho!” 

Los menos murmuraban serenos: “Esto lo he visto en mis sueños” 

Pero la gran mayoría decía: “No veo”