Noa Subin

EL PROCESO: CUANDO LA POESÍA HACE LO SUYO

EL PROCESO: CUANDO LA POESÍA HACE LO SUYO

 

Empieza como un cosquilleo en la punta de los dedos,

o un nudo en la garganta que no sale con palabras.

Es un instante atrapado en el aire,

un eco que busca su camino hacia afuera.

 

Primero, la semilla: una imagen, un sentimiento,

un detalle que se queda clavado en la mente.

No es más que un destello, un soplo ligero,

pero ya lleva en sí todo lo que será después.

 

Luego, la búsqueda: palabras que buscan su pareja,

ritmos que se ajustan como una llave en la cerradura.

La poesía hace lo suyo –toma lo disperso,

lo ordena, lo teje, le da cuerpo y nombre.

 

Se juega con las sílabas, con el sonido de las letras,

con el espacio entre una línea y la siguiente.

A veces avanza rápido, como un río crecido,

otras se detienen, medita, mira hacia atrás.

 

No sigue reglas ni horarios:

viene cuando quiere, se va cuando debe.

Puede tardar minutos o meses enteros,

hasta que encuentra la forma exacta que necesita.

 

La poesía hace lo suyo –transforma el dolor en canto,

la alegría en eco, la duda en certeza.

Toma lo personal y lo hace universal,

lo efímero y lo convierte en eterno.

 

Y cuando ya está lista, cuando cada palabra

ha encontrado su lugar como una pieza en el rompecabezas,

solo queda dejarla ir –que viaje por el aire,

que encuentre quien la necesite, quien la entienda.

 

Así funciona: la poesía hace lo suyo,

sin prisa, sin afán, con su propia magia.

Nos toma por sorpresa, nos cambia por dentro,

y nos deja diferentes a como estábamos al principio