Francisco Mesina

El mar

Mantente lejos del mar,
las palmeras y las rocas,
y ve con la autoridad
si algo se asoma en la costa.

 

No te acerques a bañar
a esas aguas cristalinas.
Recuerda que llega el mal
cuando menos lo imaginas.

 

Si encontraste algo tirado
en la solitaria arena,
es tu mente y te ha jugado
una broma pasajera.

 

No te vayas a acostar
en la suave y blanda orilla,
o algo robará tu paz
con la gris brisa marina.

 

Aquel líquido salado
no te hidrata, te hace daño.
Los mariscos y pescado
no se igualan al ganado.

 

Si divisas algún barco
sobre el lejano horizonte,
es tan solo otro invitado
que se irá quién sabe a dónde.

 

El Señor ya ha proveído
lo que el pueblo necesita;
por eso todo es nocivo
fuera de esta hermosa isla.