Nombrarte en penumbras
cuando nada existe y todo acaba.
Perdernos en la sombra.
Mirarte en la frialdad de la noche
y sostener tu nombre
como un grano de sal en la lengua.
Tu cuerpo de lava
soldado al mío, bajo el hielo.
Me derrito en tu centro:
ya no hay tregua,
solo un mar que despierta
a devorar
la orilla.