Maria elizabeth Freire

Tregua

Nombrarte en penumbras

cuando nada existe y todo acaba.

Perdernos en la sombra.

Mirarte en la frialdad de la noche

y sostener tu nombre

como un grano de sal en la lengua.

Tu cuerpo de lava

soldado al mío, bajo el hielo.

Me derrito en tu centro:

ya no hay tregua,

solo un mar que despierta

a devorar

la orilla.