FRANCISCO CONGO
De Mwuani del Congo su hijo,
Madre que lo vio nacer
Fugado de la ciudad de Pisco, aquel día,
Refugiándose en Cajamarquilla,
Prehispánica En sus ruinas.
Palenque de Huachipa que enclavado
En los montes de Lima, que
Acoge cimarrones en sus cimas,
Acechando cual panteras, al realista español,
que irreal esclaviza.
Lo hurta y acecha, lo aprieta y lo encima.
Cien cimarrones lidera,
Despojando señores y amos
En los caminos y laderas.
Instruido, ladino, letrado e iluminado
Vínculo entre el Orishá de la madre África,
El machete y el tambor con genialidad que
Los enaltece sin generar estupor.
En mil setecientos trece, el robo de un ganado
Al español loco enfurece, que enfrentado,
En desigual, bélico enfrentamiento, contra
El general Zamudio, que en un acto de repudio
Incendió toda la maleza, que fuese acto de vileza
Que al palenque a ceniza condenó,
Atacada la defensa de los fieros cimarrones
Que ante superiores armas sucumbió con gran fiereza.
Capturado Francisco Congo, su suerte echada estaría
Torturado y con cizaña, el puño que lo flagela
Con fuete de la traición siendo Aquel día verdugo
El negro Mongo señó. Que hizo de su espinazo
Girones en carne viva.
Asesinado francisco Congo y obligados a presenciar
Madres, niños, cimarrones, la locura virreinal
Descuartizaron de su cuerpo, la cabeza, y las secciones.
Trozarlo y repartirlo por las tierras del virrey
Como ejemplo y como alerta, a la insolencia de
Pedir libertad en esencia.
Podrán masacrarlo, torturarlo, blanquearlo
Pero jamás de la historia borrarlo.
Dispersos sus miembros y menudencias, sembrando
El horror y repudio, el dolor y la tristeza,
Y la advertencia, no detiene la aspiración consiente,
De someter a una nación, creciente por manumisión.
Fueron sus partes latentes, semillas de impunidad
Que no apagaran jamás la llama de la igualdad
Para buscar libertad del negro en el continente.