Jean Verlaine Rimbaud

Preámbulo

Como primer acto me has obligado a beber tu mirada,

que sabe a granada, mientras humedeces

tus labios:

aquellas vírgenes ninfas que componen canciones

me arrullan entre el sonido de un beso y una caricia.

 

Tus manos curiosas exploran el camino

de la verdad; llena de hambre y sed,

acumulas madrugadas en sequías

implorando que vuelva la lluvia a tu piel.

 

Es aquí cuando accedes a conocer el universo

en tan solo un gemido guardado en la boca,

tocando severamente mis adentros

provocando el éxtasis de Eros;

siendo la yemas de tus dedos 

cortes enamorados que dejan huella.

 

Acomodas tu peso de insomnio

y mi cuerpo comienza a derretirse:

 

Me das de comer tus senos,

me das de beber la noche,

me das a conocer tus secretos

me haces vivir del derroche.

 

Me vas absorbiendo el cuerpo

sin tregua y con una gran furia:

huracán del Caribe.

 

Azotas con tus vientos mis besos

desprendes con tus rachas mis alegrías 

rompes con todos mis miedos

y acabas sembrando en mi corazón la dicha.

 

Derramas la lluvia sobre mi huerto

y al fin dejas que conozca el infierno.

Me adentras a tus llamas

me calcina tus agujeros

y con suma paciencia

haces gritar el preámbulo:

el amanecer nace desnudo

envuelto en un capullo de seda

y clama piedad cuando lleva la estocada

en el pecho,

 

y al finalizar se acaba el tiempo

se escucha el latir de tus labios,

se goza de graznidos

se disuelve en un enjambre 

para expandir su vuelo,

dejando el cansancio a otra esquina 

de la habitación contemplando

la desnudez de la mañana.