Como primer acto me has obligado a beber tu mirada,
que sabe a granada, mientras humedeces
tus labios:
aquellas vírgenes ninfas que componen canciones
me arrullan entre el sonido de un beso y una caricia.
Tus manos curiosas exploran el camino
de la verdad; llena de hambre y sed,
acumulas madrugadas en sequías
implorando que vuelva la lluvia a tu piel.
Es aquí cuando accedes a conocer el universo
en tan solo un gemido guardado en la boca,
tocando severamente mis adentros
provocando el éxtasis de Eros;
siendo la yemas de tus dedos
cortes enamorados que dejan huella.
Acomodas tu peso de insomnio
y mi cuerpo comienza a derretirse:
Me das de comer tus senos,
me das de beber la noche,
me das a conocer tus secretos
me haces vivir del derroche.
Me vas absorbiendo el cuerpo
sin tregua y con una gran furia:
huracán del Caribe.
Azotas con tus vientos mis besos
desprendes con tus rachas mis alegrías
rompes con todos mis miedos
y acabas sembrando en mi corazón la dicha.
Derramas la lluvia sobre mi huerto
y al fin dejas que conozca el infierno.
Me adentras a tus llamas
me calcina tus agujeros
y con suma paciencia
haces gritar el preámbulo:
el amanecer nace desnudo
envuelto en un capullo de seda
y clama piedad cuando lleva la estocada
en el pecho,
y al finalizar se acaba el tiempo
se escucha el latir de tus labios,
se goza de graznidos
se disuelve en un enjambre
para expandir su vuelo,
dejando el cansancio a otra esquina
de la habitación contemplando
la desnudez de la mañana.