Jesus Armando Contreras.

La exactitud de la ruina

El aire de la plaza carecía de historia,
ardía gris ceniza dormida en los portales;
el tiempo, arrodillado delante de su noria,
dejó nuestros dos nombres vaciándose en cristales.

Allí quedaste inmóvil, silente y desvalida,
llevando entre las manos el siglo que perdimos,
vestida para un mundo que nunca fue tu vida,
guardando entre la sombra los sueños que tuvimos.

Qué exactitud de ruina cabía en tu mirada,
qué siglo derrumbándose detrás de tus pupilas;
y comprender al fin la liturgia quebrada
del amor que envejece bajo lámparas frías.

Quise romper al fin el cristal del abandono,
gritarle al cielo mismo que el sueño era mentira;
mas hay leyes oscuras negándole su trono
al hombre que despierta llorando mientras mira.

Alzaste al fin el rostro sin culpa y con desgarro,
con esa paz amarga de quien ya se despide;
y el llanto de tus ojos se volvió tierra y barro
con que el dolor humano sus eternidades mide.

No eras el sueño roto regando mi agonía,
ni el fantasma imposible que el corazón reclama;
en aquella banca gris donde el mundo moría,
eras tú, mi reflejo, llorando a quien te ama.

 

Jesús Armando Contreras