[Romance endecasílabo]
Bésame el alma, no llora el violín.
Cantan las aves, las hojas se mecen;
mas, en el más silencioso silencio,
mi sombra roza tus labios perennes.
Pasan los días, la brisa es mesura,
pero conmigo tu paso es prudente
un devaneo que busca algún vértigo
en mis contornos que cantan su fiebre:
«Vacío mío y silencio del triste».
Al son de luna que habita en tu vientre;
la dicha es nueva con ojos de dos...
¡Bésame, vida, segura es la muerte!