Muchos dirían que un hecho menor
no alcanza para un poema. ¿Qué es si
no el poema? Un miserable aparato
verbal. Yo hablo de un pelaje y una fibra
henchidos de un retículo que el hombre
no alcanza a deshebrar (ni siquiera en
lo divino). Sucede que las formas
fueron dadas por rigor y capricho
de sus límites. El amor, por ende,
debe ser constante o no ser. Por ello
está mal que juzguemos al humano
en tal medida. Lo que dije apunta
hacia aquellos que no conciben otro
sueño ni otro azar, solo perdurar
como un concepto que nadie jamás
ha encarnado. Baste este llanto abyecto
y decir que un animal fue la causa
primera de las cosas: Rocinante,
Argos y Platero. De quien les hablo
no quedará la tinta ni la glosa
ni el fervoroso trajinar de la épica.
Solo la evidencia de que el amor
en él no era un factor, era su vida.
De nuevo torno a las raíces y
la tierra y me complazco al entender
que no es imaginaria o potencial
la ternura que tiende al infinito.