Cada domingo,
cada día antes de acostarme,
le rogaba tanto a Dios
que me permitiera soltarte,
que me dejara volver
a sentir paz nuevamente.
Y ahora que se me está concediendo…
tengo miedo
de dejar de sentirte.
Me asusta pensar
que va a llegar el día
en el que escuche tu nombre
y ya no sienta nada.
Ahora incluso,
haciendo un gran esfuerzo,
ya no puedo recordar tu voz.
Pero lo que más me aterra
es olvidar la forma
en la que reías
mientras estábamos
viéndonos a los ojos.
La forma en que sonreías
antes de soltar una carcajada.
La forma en la que tus ojos
se enchinaban mientras reías.
Cómo, cuando terminabas de reír,
me mirabas directamente a los ojos.
Y la forma
en la que inconscientemente
yo terminaba
riendo contigo.
Es completamente extraño
y ajeno
este nuevo sentimiento.
¿Qué hago yo
escribiendo sobre no olvidarte,
si escribir fue mi principal ayuda
para sacarte de mí?
No puedo creer
que yo mismo me esté implorando
no olvidarte
por completo.
Pero supongo
que siempre fuiste
una contradicción en mi vida.
Porque incluso ahora
que ya no eres parte de ella,
aún encuentras
nuevas formas de dolerme.
Realmente no sé
a qué es a lo que le tengo
tanto miedo de perder.
Si perder lo que fui contigo,
al yo enamorado de ti…
o perderte a ti,
la persona con la que fui
inmensamente feliz.
Nunca he sido un buen perdedor,
¿sabes?
Pero creo que esta vez
no me duele perderte a ti…
me duele perder
lo último de mí
que aún te ama.