CUANDO LA TARDE NOS NOMBRA
La tarde abrió sus alas sobre el río
y el cielo olía a música y romero,
tu voz llegó temblando en el rocío
como un violín de luna en un granero.
Traías en los ojos la distancia
de antiguas catedrales y mareas,
y en cada paso ardía una fragancia
de uvas y sal, campanas y azoteas.
Yo venía del sur de mis derrotas
con un cansancio azul entre las manos,
pero encendiste pájaros y notas
sobre la sombra rota de mis años.
Entonces te miré. Calló la brisa.
La noche abrió las voces que ocultamos
y el mundo, de repente, tuvo prisa
por quedarse a escuchar lo que callamos.
JUSTO
La tarde abrió sus ramas sobre el río
y el agua suspiraba en el sendero,
mientras llegó tu voz con el rocío
como un laúd herido en un lucero.
Traías en los ojos la memoria
de antiguas tempestades y mareas,
y en cada gesto ardían mil historias
de días de sol, de lluvias y esperas.
Yo guardaba la sal de mis derrotas
y un jardín sumergido entre las manos,
pero encendiste músicas remotas
sobre el temblor oscuro de mis años.
Entonces sonreí. Calló la brisa.
El aire abrió los sueños que ocultamos,
y el tiempo, suspendido en la ceniza,
no quiso despertar lo que callamos.
CARMEN
JUSTO ALDÚ de Panamá y
CARMEN DIEZ TORÍO de España ©
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