JUSTO ALDÚ

OLVÍDALO

No intentes convencerme de tu cielo,
ya clausuré la música en mi herida,
tu amor fue un candelabro de humo y hielo
colgado en la penumbra de mi vida.

Tus besos eran pájaros de estaño
golpeando vitrales clausurados,
y yo, pobre mendigo del engaño,
recogiendo los sueños destrozados.

Olvídalo. Lo nuestro fue ceniza
rodando por alcobas y estaciones,
un reloj de salmuera que agoniza
debajo de oxidadas oraciones.

Ya todo terminó. Lo he sepultado.
Dejé tu sombra al borde del tejado.
Y aquel amor que tuve encadenado
hoy yace entre las ruinas del pasado.

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