No intentes convencerme de tu cielo,
ya clausuré la música en mi herida,
tu amor fue un candelabro de humo y hielo
colgado en la penumbra de mi vida.
Tus besos eran pájaros de estaño
golpeando vitrales clausurados,
y yo, pobre mendigo del engaño,
recogiendo los sueños destrozados.
Olvídalo. Lo nuestro fue ceniza
rodando por alcobas y estaciones,
un reloj de salmuera que agoniza
debajo de oxidadas oraciones.
Ya todo terminó. Lo he sepultado.
Dejé tu sombra al borde del tejado.
Y aquel amor que tuve encadenado
hoy yace entre las ruinas del pasado.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026