Hay cosas que se aman
sin saberlo.
La luz de una tarde que no guardaste,
un gesto que no supiste que era el último,
el peso exacto de una mano
que ya no pesa.
Eso es la melancolía:
no el dolor de haber perdido,
sino el descubrimiento tardío
de que amabas.
Y al nombrarlo,
le devuelve su filo a cada cosa:
el pasillo sabe a la sed que no dijimos,
el vaso en el fregadero
conserva la curva exacta de una espera,
la ropa doblada
todavía obedece a tus gestos
que ya no son.
Hasta el silencio
se ha vuelto la forma de tu voz
cuando no hablabas.
Esta casa ocupada por la ausencia,
este oficio de escuchar tus pasos
donde ya no hay pasos,
esta manera de quererte
tan póstuma, tan entera
Antonio Portillo Spinola ©️