Por las mañanas ya no hay colita
que dance al compás de mi llegada,
ni aquella forma blanquecina y viva
que me esperaba, ansiosa, en la entrada.
Te fuiste en silencio, sin despedida,
mientras yo andaba lejos, sin saberlo;
doce años de amor en una vida
tan breve, tan fiel... ¿cómo perderlo?
Temías la lluvia, temías el trueno,
mas nunca temiste quererme tanto;
cinco minutos de juego eran tu freno,
pero infinito era tu amor, tu encanto.
Bolita de pelos, alma sencilla,
me enseñaste que el tiempo no perdona,
que el amor más puro es el que brilla
sin pedir nada, y sin que nadie lo pone.
La vida no espera, eso me dejaste
grabado en el pecho como una herida;
partiste callado, como siempre estuviste,
noble hasta el final de tu pequeña vida.
Ya no te veré volver a recibirme,
ya no moveré el mundo para verte;
solo me queda, amor, el recibir
en mi corazón tu dulce suerte.
Descansa, Toby. Doce años de amor no se olvidan.