Interna soy de la triste prisión
que labra aleve tu dudoso afecto
pero admito que no es sino defecto
de este, mi masoquista corazón,
permitir que gobierne desazón
en mi humor, al que de celos inyecto
por no desistir de infértil proyecto
al que íntegro rechaza la razón.
Permanece invariable, cual decreto,
la voluntad que en vano espero ver
de un milagro trocada por completo
pero difícilmente puede ser
pues mi amor en tu pecho ha hallado veto
y necio es intentarlo conmover.