La Incondicional
Al final del ruido, las dudas, el frío,
vuelvo a lo único firme que era mío.
La que en silencio bordaba la espera
detrás de la puerta, oyendo la marea.
Nunca pidió fechas ni juramentos,
ni huyó de mis noches ni de mi tormento.
Su amor no llevaba calendarios ni prisa,
solo una paciencia de piedra en la orilla.
Mientras yo corría detrás de mi sombra,
ella recogía lo que dejaba en ruinas.
Firme como un faro quebrando la sal,
la que nunca aprende la palabra “final”.
Hoy vuelvo y la encuentro tejiendo en su silla.
No dice palabra. Me sirve la taza.
Y en ese silencio que no se me olvida
entiendo por fin lo que cuesta quedarse.