También yo dudé.
No siempre fui ternura.
Hubo momentos
en que quise golpear
la pared blanda del mundo.
Hubo momentos
en que pensé:
¿por qué me trajiste
si no sabías esperarme?
Después te oí respirar.
Tu respiración estaba rota,
como un vestido viejo
colgado bajo la lluvia.
Entonces comprendí
que tú tampoco sabías
dónde ponerte.
Éramos dos criaturas
en una misma intemperie.
Tú con cuerpo.
Yo sin mundo.