Y mirándome a los ojos
me preguntó, como apurada:
-¿ y dónde está tu poesía?
Que aún no me dices nada.
Su voz sonó como un trueno
buscando mi corazón,
pero no había razón
para estar tan apurado.
Yo, su eterno enamorado,
no supe cómo explicarle,
ante insistente presión,
que mi poesía era ella
y ella, mi corazón.