Cobarde ese hombre, ese poeta
Y poetisa, que se esconde de
Sí misma, que se refugia
En sus mentiras y
Se vuelve
Ciega.
Que se aparta sin alejarse
De quienes necesita
Para seguir
Visible
Hoy
Y siempre.
En este Purgatorio y que es el mundo en que vivimos, interconectados pero no conectados ni unidos a nada ni a nadie en concreto, la inseguridad y el vacío espiritual que sufre el hombre es una consecuencia de todos nuestros miedos y que llevan con nosotros desde siglos, milenios incluso. El Hombre hoy, siglo XXI, ya no tiene amigos (quizás nunca los hayamos tenidos); todo a lo más, y en ocasiones, simples semejantes. De este Purgatorio ya no se sale por la misma puerta en que se entró dado de que ésta nos la hemos cerrado nosotros mismos tirando lejos las llaves: miedo a ser en público nosotros mismos, sabemos que quién ose mostrarse ajeno al rebaño será apartado, despreciado, ignorado.
A veces convertirnos en personas anodinas, incluso anónimas, nos salva y hasta nos hace feliz viendo y esperando que los acontecimientos se sucedan. En estas circunstancias nos queda en el baúl de la memoria el recuerdo de momentos, de voces, de gestos, de miradas y hasta de esperas que se sabe que no desaparecerán por ninguna de las partes.