No fui del amor mendigo
ni de la amistad vasallo
y del deseo me callo;
que hoy dominarme consigo
y hablar de ayer lo soslayo.
De forma muy decisiva
influye en mi corazón
la fuerza de la razón,
terapia que es preventiva
contra toda desazón.
Pues nunca juzgué oportuno
el modo de proceder
de quien ostenta el poder
y sin miramiento alguno
al débil suele ofender.
Mi trato en pie de igualdad
con el resto de la gente,
me obliga a que esté presente
en mí la cordialidad;
por eso precisamente
jamás cedí a los antojos
de quien por ser altanero
se piensa que el mundo entero
ha de postrarse de hinojos;
al fatuo no le venero.
A la mujer yo la adoro
rindiéndome ante su encanto,
y es un lema sacrosanto
que en el convivir valoro:
Tanto monta, monta tanto.
Intento ser tan feliz
como se puede en la tierra,
pues ni la suerte me aterra
y lo enfrento en buena lid
si en ser contraria se emperra,