Y yo
que sentí
-al partir tú-
muerta la vida
y sombría la muerte.
Que creí…
condenado este amor
y sentenciada la esperanza.
Luego de sobrevivir a un
burbujeante valle de lágrimas
hoy sé…
que la vida vive más que nunca
y la cándida muerte
más que antes…
¡pulsa!
Cómo no…
si en tu ausencia, este frenesí,
como hiedra, crece por mis venas
y la confianza…
en mi noche y alma titila
cual divina estrella.
Y la tristeza
-ay… la tristeza-
que ciertamente a ratos
de su raíz despierta y florece…
si es ella la que me lleva
a escribir estas trovas...
¿cómo no va a ser
bienvenida y preciosa?
Oh eterno amor
resplandor de mi fuego:
en mi circular mundo infinito
nada… ¡nada ha muerto!
al contrario… ¡todo aumenta!
salvo…
la penuria de tiempo que me resta
para continuar amándote.
.
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P-Car
Paty Carvajal-Chile
N°1240 - 25.06.2021
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