La vida real es muy similar al de los sueños, en ellos vemos personas que nos parecen ideales y hasta perfectas para nosotros y cuando despertamos descubrimos que solo fue parte de un anhelo muy interno del corazón y que lo abrazamos con mucho amor y cuidado por años, igual despertar a ellos es tan difícil como lo es en la realidad, porque despiertos hasta amamos y nos damos por amor a ellos y vemos con el tiempo que solo era ilusión, un ente ficticio que nos alimentó además de la imaginación la creencia de que seremos felices y es la farsa más grande cuando ese ser es un narcisista.
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Llorar, siempre estar en estado de ansiedad, esperar la próxima ofensa, el abuso emocional, la humillación y la burla, de un momento a otro, un buen trato, una colección de “te amo” como lluvia, besos y abrazos sin fin… pero que sabes es mentira, que solo es una preparación para darte una buena tunda de ofensas por puro gusto y después de nuevo lágrimas…
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Dormir sola, a oscuras, en medio de un dolor en el medio del pecho que no cesa, no te reconoces a ti misma siquiera, solo quieres calma porque también sabes que después, al día siguiente, o al otro, o cuando él quiera, vuelve y recarga sus balas de odio contra ti y, aunque lo sepas, te quedas ahí, esperando que no sea esto, que sea un poco de amor.
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Llenos de dudas, de odios, de pesadumbre, de rabia y mucha tristeza, te quedas en medio de una relación tóxica, diabólica y exasperante como la que se tiene con un narcisista. Pasan los meses, años, y sabes que debes salir, de alguna manera, pero debes salir de estar consumiendo ese maldito veneno en que se ha convertido “el amor”.
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Dolores Luna.
Anna.
Mayo 14. 2026.
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