Ante el umbral del abismo asentado,
Minos ejerce su función severa;
mide la culpa en concéntrica esfera
y juzga el peso del error pasado.
Al imperio del dolor desahuciado,
llega la turba en implorante hilera;
calcula el monstruo la condena fiera
según el grado del vivir pecado.
Lanza la cola en espiral de espanto,
ciñe su lomo en riguroso nudo
y marca el radio de eternal quebranto.
Tiembla el converso ante el dictamen crudo;
mientras el llanto del dolor desata,
su propia cifra la sentencia acata.