Entro en la escena,
a un lugar de amor y espacio de pureza,
sin contraseña,
al candor de una virgen puritana...
Lo celebra con risa,
y con bailes bajo el kiosko de la luna,
universo y astronomía,
mientras dejo que su visión me trascienda...
Entre versos de fiesta,
me voy dejando vincular por conveniencia,
a sus labios de ala,
y a su gran tesoro de sedas y maravilla...
¡Ay, María divina!
donde tu luz transmite tonos de blanco y rosa,
que la ternura en ti habita,
ofréceme con apremio, tu cariño y tu música ...