Si estas en soledad no estás solo,
estás acompañado de ti mismo.
La soledad no es hueco ni abandono:
es el lugar donde te encuentras.
En la quietud que el mundo te abandona,
no hay sombra que te hiera ni te aparte;
allí, íntegro regresa tu estandarte,
y se alza la verdad del que razona.
No es vacío la estancia que corona
tu propio ser, ni exilio de otra parte,
es un umbral que exige despojarte
de todo lo que en ruido te aprisiona.
Porque al final, cuando el rumor se extingue,
cae la máscara que el día impone.
Surge tu voz, la que jamás se rinde.
La claridad que tú ser recompone;
la soledad no hiere ni constriñe
la secreta raíz que te compone.