Como un vino pálido,
por mi garganta, el tiempo pasa.
Como un hilo árido,
en mi memoria, el silencio para;
saca de su cueva a mi llanto,
que arde como hielo dentro de mi pecho,
que arde letal como fuego muerto;
y perturba al alma que, muerta,
descansa deshecha
sobre el recinto quieto.